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TIPOS DE PROSTITUCIÓN

Las webcams también son parte del negocio. En los diarios locales se ven anuncios regularmente que solicitan los servicios de “modelos”. “Es como vender tu cuerpo, pero nadie te toca porque es por internet… Para mí lo más difícil ha sido estar con una mujer, porque soy gay”, cuenta David Contreras.

Explica que el usuario había pagado una buena cantidad de dinero, por lo que fue presionado a hacerlo. “Somos cuatro personas y nos ven unos 300 usuarios. Ellos te piden que hagas ciertas cosas, fantasías que tienen”, dice.

En Venezuela era un estudiante que en su tiempo libre trabajaba. Pero lo que ganaba apenas le alcanzaba para comprar verduras, así que se fue a Colombia a probar suerte, pese a que no conocía a nadie. “Lavé carros, trabajé en una peluquería y en una tienda, pero el dinero no me alcanzaba. Nunca pensé que terminaría haciendo lo que hago, pero me tocó para poder ayudar a mi familia”, comenta Contreras.

Viven cerca de la frontera, así que los ve con cierta regularidad. “Nos encontramos en algún punto y nos comemos un helado. Después les doy el dinero y cada quien para su casa”.

“Cada vez hay más venezolanos trabajando como escorts o prepagos, también transexuales. En Grindr (una aplicación para citas orientada a la comunidad homosexual) también se ven más”, refiere Juan Carlos Archila, director de la Fundación Censurados.

La proliferación del negocio de la prostitución ha sobrepasado la capacidad de atención del sistema de salud del departamento del Norte de Santander, cuya capital es Cúcuta. “Muchas mujeres tienen diagnósticos de depresión psiquiátrica que necesitan medicación”, explica quien pertenece a una organización que ayuda a inmigrantes pero prefiere mantener el anonimato.

“Para llevar la situación -prosigue- consumen estupefacientes y pueden pasar 12 horas alcoholizadas”. “También lidian con una tristeza inmensa, con el duelo no elaborado de la inmigración, el desarraigo y una violencia que no habían experimentado antes”.

Pero para venezolanos sin recursos, es extremadamente difícil tener acceso a tratamientos médicos.

“Afecta mucho trabajar en prostitución. Una noche, un cliente me robó, me usó tres veces, y en la mañana me dijo que no me iba a pagar”, recuerda Francesca, que con tristeza afirma: “Te maltratan, te agreden, te ofenden… A una amiga la violaron y la dejaron desnuda y tirada en la calle”.

“Sufren, lloran… les tocó pisar abajo”, dice Archila.

Aparte del aspecto psicológico, se encuentra la dificultad de manejar la propagación de enfermedades de transmisión sexual, particularmente el VIH.

La Fundación Censurados ha notado, de primera mano, el incremento de inmigrantes afectados por la enfermedad. “Hace un año hacíamos cinco pruebas rápidas de VIH a la semana, ahora realizamos 30,y por nuestra fundación pasan alrededor de 50 personas en ese período de tiempo”, explica Villamizar. Un informe del Instituto Nacional de Salud de Colombia documenta el número de casos importados.

La mayoría proviene de Venezuela, y la mayor concentración está en el norte de Santander.

“Hay un incremento inusual en la frontera”, indica Alfonso Rodríguez-Morales, uno de los autores de un estudio acerca del impacto de la crisis migratoria venezolana en enfermedades infecciosas en otros países. “Pese a que no se han producido variaciones significativas en el número total de casos diagnosticados anualmente en Colombia, y la mayoría sigue siendo autóctona”.

Al margen de las cifras, detrás de cada caso hay una historia dolorosa que, con frecuencia, no tiene un final feliz. “He visto tantas cosas duras…”, dice Archila, con una expresión de quien hace de tripas corazón. “Pero quizás la más difícil fue tener que cargar el cuerpo de un venezolano y dejarlo en la mitad del puente Simón Bolívar (uno de los que une a Venezuela y Colombia)”. “Murió de sida y su familia no tenía cómo pagar el traslado”.

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